Deah Shaddy Barakat, Yusor Mohammad Abu-Salha y Razan Mohammad Abu-Salha, tres jóvenes como cualquiera de nosotros, con los que nos resulta muy fácil identificarnos. Su vida era muy parecida a la nuestra, estudiantes universitarios y activistas sociales, implicados en la mejora de su sociedad y con la convicción de que un mundo mejor es posible y que, como jóvenes y musulmanes, tienen la responsabilidad y la obligación de contribuir a ello.

 

El martes por la noche, dentro de su casa, fueron brutalmente asesinados, ejecutados con la máxima frialdad, por disparos directos a la cabeza de Craig Stephen Hicks.  Lo único de lo que se les podría culpar, y a nosotros, es de ser musulmanes y que sus (nuestras) creencias sean rechazadas por un fanático, un extremista, un terrorista; que considera que para calmar su enfado por una disputa, por un aparcamiento o por lo que fuera, puede acabar con la vida de tres personas, que profesan unas creencias que él odia.

 

No podemos dejar de pensar en ello, y cada vez que lo hacemos nos cuesta controlar las ganas de lloras y gritar, de expresar ese sentimiento de rabia, frustración e indignación que invade todo nuestro cuerpo. Normalmente nos negamos a dejar que el miedo a la islamofobia, al odio, a la intolerancia pueda con nosotras. Tendemos a quitarle hierro al asunto y a afirmar que estos casos son una excepción, afirmando que aquí estamos seguros. No nos gusta pensar que cualquiera por la calle al vernos a nosotras o a cualquiera de nuestras hermanas y amigas con hiyab, pueda decidir que es mejor que no sigamos con vida y se justifique a sí mismo nuestra muerte, porque nos odie por nuestras creencias, por ser musulmanas.

 

 

 

Seamos Deah, Yusor y Razan

Por: Achime (Asociación de Chicas Musulmanas de España)

Por supuesto que nos duele la muerte de Deah, Yusor y Razan, y mucho, pero creemos firmante que “somos de Dios y a Él hemos de regresar” y que, por muy maravillosa que fuese su vida, lo que Dios tiene preparado para ellos es inmensamente mejor. Han muerto como mártires, por lo que en estos momento “[…] están vivos y colmados de gracias junto a su Señor” (Corán 3.169). Pero lo que más nos duele, lo que más nos indigna, lo que más rabia nos causa, es la injusticia, la indiferencia, el que parezca que a nadie le importa.

 

Lo que más duele es el hecho de que el titular: “Los musulmanes son las víctimas” no venda tanto como el de: “Los musulmanes son los asesinos”, la sensación de que, por ser musulmanes, la vida de estos tres jóvenes, de 23, 21 y 19 años, no importe al mundo. El hecho de estar seguros de que la conmoción del mundo sería de gran magnitud si fuesen judíos, cristianos o ateos, pero parece que el hecho de ser musulmanes le resta valor e interés a sus vidas a los ojos del mundo y a los ojos de los "ojos del mundo", de los medios de comunicación.

 

El martes por la tarde-noche Deah, Yusor y Razan fueron brutalmente asesinados, su muerte no ha merecido programas especiales ni mesas de análisis, no ha merecido abrir la edición de ningún periódico, ni comunicados y condenas internacionales, tampoco hemos visto marchas de protesta... A muchos les hubiera gustado que fuesen víctimas de una disputa por un aparcamiento, porque parece que ello justificaría en cierto modo su muerte, ya que “sólo eran musulmanes”. Pero sabemos, y seguiremos repitiendo, que no es así.  Deah, Yusor y Razan han sido víctimas del odio, del extremismo, del fanatismo. Del mismo odio, del mismo extremismo, del mismo fanatismo, que ha merecido leyes, condenas y protestas, que ha merecido horas y horas de debate y análisis, eso sí cuando sus víctimas no eran musulmanas.  

 

Deah, Yusor y Razan tres nombres que no olvidaremos, tres vidas que se han ido dejando al descubierto la hipocresía y el doble rasero del mundo.  Tres personas que estaban dispuestas a poner de su parte para cambiar el mundo, y que han tenido una trágica muerte que no puede servir para menos que para que sigamos con su compromiso. Para que nos sintamos hoy más orgullosos que ayer de ser jóvenes y musulmanes, le guste a quien le guste y le pese a quien le pese, para seguir cumpliendo con nuestra responsabilidad, para mejorar este mundo y para hacer de él un lugar mejor. Para que el mismo mundo que ha presenciado con indiferencia su muerte, vea a miles de Deah y Yusur conseguir sus sueños, ser los mejores odontólogos y llevar la sonrisa a los niños de Siria, de Palestina y a todos sus hijos. Que este mismo mundo vea a decenas de miles de Razan, convertirse en las más brillantes arquitectas y construir un mundo en el que no haya nadie sin hogar, y en el que nadie sea asesinado a sangre fría en el lugar del mundo donde más seguro debería estar, su casa.

 

Hoy, mañana y siempre somos y seremos Deah, Yusor y Razan, porque sus vidas tienen valor y mucho. Porque le pese a quien le pese, ellos representaban el islam, sus vidas han sido un ejemplo de lo que nuestras creencias nos incitan a ser y su muerte será un aliciente más en el camino para seguir hacia delante. Porque, como lo hacían ellos, creemos que un mundo mejor es posible, que un mundo sin hipocresía es posible, que tenemos que seguir dando y mejorando porque para eso estamos aquí, para ser esa gota de lluvia que beneficia donde sea que caiga. La vida y la muerte de Deah, Yusor y Razan lo han sido, así que en homenaje a ellos comprometámonos a que nuestras vidas y nuestra muerte también lo sea.

 

Somos de Dios y a Él hemos de regresar.